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La contradicción de los líricos

Por: Carlos Martínez Buelvas / IG: @carlitosmartinez703

Los autoproclamados líricos del fútbol en Barranquilla, olvidaron que la poesía hace tiempo dejó de escribirse con versos alejandrinos. Es decir, con rimas. La poesía, hoy en día se utiliza más con el verso libre que con cuestiones clásicas. En pocas palabras, sin ataduras y con lenguaje cotidiano. Si llevamos el lenguaje poético a la práctica del fútbol, es tan literario los ochenta toques de un equipo de Guardiola o Menotti, como una patada o un grito al árbitro, por parte de un defensa paraguayo en un torneo continental.

Entre otras cosas, porque el insulto y la provocación como fórmulas de desenfoque hacia el rival, parten de ideas que despiertan lo más puro del ser humano, como es el caso del sentimiento. Sin embargo, sentimientos también son el desprecio y el odio y las emociones como las sensaciones pertenecen al romanticismo literario: aunque usted no lo crea.

En ese sentido, el fútbol siempre será romántico, así un equipo desprecie tocar la pelota cien veces y se dedique a reventar la pelota o a pegar patadas, porque mientras mandar la pelota a Metrocentro para defender una victoria saque aplausos de la hinchada, eso será romántico, porque al final no importa si tu jugador es de selección o juega mundiales: hay que salir campeón y punto, eso piensa el hincha.

Sin embargo, para los autoproclamados líricos que son insaciables, solo existe una forma: tocar la pelota veinte veces, el 70% de posesión, sin importar si al portero rival nunca le tiran al arco que cubre; porque entre otras cosas el fútbol es diversión y ellos creen que ver fútbol es como ir al teatro o a la ópera.

No obstante, cuando se gana como sea, al técnico hay que rescindirle el contrato finalizado el partido, porque su juego va en contra de su visión de mundo. Tal es el caso de Amaranto Perea: resultadista por antonomasia, pero motivo de señalamientos por parte de sus contradictores: los líricos.

Lo más absurdo de ellos -en cuanto a Junior se refiere- son sus expresiones posteriores al partido: “me gusta como juega Junior, ese es el camino”, “la victoria ya vendrá”, “el juego está por encima del gol” ni hablar de la más monstruosa de todas “estoy feliz, porque le pegamos un baile a River, aunque hayamos perdido”; cuando leí esta última frase pensé en la salud del Zurdo López y de Bilardo al enterarse y me preocupé por ambos.

En definitiva, el lírico se contradice, porque cuando el fútbol está y los resultados no se dan, no piden la cabeza del técnico, pero cuando hay victorias y no hay buen juego, piden que lo saquen. En definitiva, para nadie es un secreto que Junior tiene un ascenso en su juego, pero adolece de contundencia y la poca que tiene no la cuida: eso lo omiten los líricos. Junior jugando como local en Libertadores, estuvo dos veces por encima del rival y sus desatenciones no pudieron sostener las victorias.

Pero lo que importa es el juego lindo…

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