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Junior: la pasión vista desde los ojos del hincha

El equipo tiburón cumple 96 años y toda Barranquilla, además del Atlántico y la Costa Caribe, están de plácemes. En casa rincón de la región norte de Colombia puedes encontrar a un furibundo hincha del tiburón, que es el más feliz cuando gana y el más triste cuando pierde, pero que igual está allí, con su camisa rojiblanca y entonando el clásico grito de guerra: «¡Junior tu papá!»

La pasión del hincha es desbordada, emocional, algo que puede adquirirse de diversas formas. Leonardo, estudiante universitario, cuenta que la pasión por el elenco rojiblanco ya estaba con él desde el principio: «es algo innato que vino conmigo. Me pongo a pensar en ello, y llegó a la conclusión que esa pasión la traigo desde que tengo uso de razón». Otros hinchas, como Vanessa, aluden a la familia para explicar cómo Junior se ha convertido en la razón de su existir: «desde pequeña, cuando empezó a gustarme el fútbol, mi padre dijo que tenía que ser de Junior porque es el equipo de aquí. Y a pesar que mi abuelo quería hacerme de América, mi padre pudo más y fue el que me inculcó ese amor por Junior».

Y no sólo la familia y los amigos influyen en el gusto por el rojiblanco: Roiter, un furibundo hincha que asiste al estadio Metropolitano sin falta desde hace más de 15 años, nos cuenta que prácticamente su idilio con Junior inició por todo lo que significa para la ciudad: «Junior es Barranquilla. Cuando jugaba junior y tú apenas ibas teniendo identidad futbolera, veías a todo el mundo con la rojiblanca puesta. Los domingos a las 3:30 era sagrado ver a todo el mundo buscando en dónde ver el partido, así te vas contagiando».

La pasión por Junior es muy contagiosa. El equipo tiburón ha estado ligado a Barranquilla prácticamente desde el principio.

A medida que pasa el tiempo, el amor crece y el sentimiento se fortalece. Siempre buscas alguna manera de expresar y alentar a tu equipo, yendo siempre al estadio. Para Roiter, esta es la mejor manera de demostrar amor por el equipo: «te juntas con alguien que te dice: ‘Yo voy al estadio los domingos, consíguete 2mil pesos y te meto a sur’, de ahí quedas matriculado». En esto concuerda Vanessa, puesto que asistir al estadio le ha hecho amar al equipo del que hoy es orgullosamente hincha: «cuando tuve la oportunidad de ir a todos los partidos por mis prácticas en Televista, mi amor por el equipo fue creciendo. Y aunque últimamente no he ido tanto al metro por diversos factores, siempre estoy pendiente de lo que pasa con el equipo».

Una palabra clave que se destaca en la relación Junior-hinchas es conexión. Vanessa lo explica de esta manera: «cuando tu empiezas a seguir a un equipo, empiezas una conexión con él. De alguna manera, empiezas a saber cuando va a ganar o perder. En 2011, cuando teníamos la serie abajo contra Millonarios, estaba convencida que Junior iba a pasar. El equipo estaba convencido, el Estadio estaba convencido. Sentí esa conexión y confíe. Logramos ganar».

La pasión es algo indescriptible. Prueba de ello es que Leonardo no supo explicar en una palabra lo que siente por Junior, pero si dejó algo en claro: «es mi estado de ánimo, cuando Junior gana siempre ando feliz, pero si llega a perder no quiero ni que me miren». En esto está de acuerdo Roiter, quien es fiel creyente de cómo influye Junior en la cotidianidad del barranquillero: «Si el equipo está bien, tú estás bien. Si la pasa ‘barro’, tu estado de ánimo es directamente proporcional a ello».

Los hinchas concuerdan en que el equipo influye en el estado de ánimo de la ciudad. Cuando Junior gana, en Barranquilla hay Carnaval.

Vanessa va más allá, y cuenta una anécdota dolorosa de cuando Junior perdió la final de 2009: «en ese momento no lo asimilé, pero los días siguientes fueron muy duros. La ciudad prácticamente estaba muerta: en los buses no se escuchaba nada, todos estaban callados. Ese equipo era muy bueno, y no ganar esa final fue muy duro».

Así es Barranquilla: La ciudad que se alegra cuando Junior gana, y la que está de luto cuando el equipo pierde. Junior prácticamente es más que un equipo: es la razón de vivir de muchos barranquilleros, de muchos costeños. Muchos hinchas que ven en el tiburón una alegría, una razón, una oportunidad de sentir felicidad. La pasión desbordante del fútbol hace mella, y la del Junior deja huella.

Deja huella gracias a sus hinchas. Esos mismos hinchas los que hoy gozan por un nuevo aniversario del pechiche de la Costa. Hoy 7 de agosto se sienten más alegres que nunca, con una sonrisa que adorna sus rostro de oreja a oreja, con la adrenalina a mil y con ganas de vociferar que hoy es el cumpleaños del tiburón. Son esos mismos hinchas los que sagradamente asisten al Estadio Metropolitano, a celebrar los goles o a lamentar los errores, pero que están ahí, pendientes, deseando con todo su corazón que el tiburón les dé una alegría. Porque esta pasión es por siempre y para siempre.

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