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Junior 2021: la lucha del resultado contra el juego

Durante mucho tiempo, el fútbol ha sido objeto de un debate que paraliza a los aficionados de este deporte: mientras que unos prefieren el juego como principal característica, otros prefieren el resultado como único objetivo. Ningún aficionado y ningún club del mundo escapa a esta lucha de ideologías, la cual ha tenido sus propias versiones en cada parte del mundo, siendo Menotti vs Bilardo la lucha más recordada en todo el planeta fútbol.

Y en Junior la situación no es distinta: la victoria 2-0 ante Alianza Petrolera ha recrudecido ese debate entre los hinchas ‘rojiblancos’, en el que algunos ven el vaso medio lleno (Cuatro triunfos en 5 partidos, siete goles a favor y tres en contra) y otros el vaso medio vacío (poca producción de juego, individualidades que salvan los partidos, poca lectura de los encuentros por parte de Amaranto). En ese orden de ideas, es difícil deducir cual es el sentimiento general de la hinchada, puesto que muchos sacan orgullo por ser líderes, mientras que otros sienten vergüenza por sufrir ante equipos de menor nivel.

Más allá de que no es un secreto que la nómina ‘tiburona’ es superior en muchos aspectos a equipos como Alianza Petrolera, Jaguares, Envigado y Águilas Doradas, y hasta más tradicionales como Millonarios, América, Deportivo Cali y Medellín, lo cierto es que este Junior bajo el mando de Luis Amaranto Perea no está hecho para golear ni para gustar, sino para ganar. Y así lo ha demostrado ante Medellín, ante Once Caldas, ante América, ante Alianza.

A pesar de ser constantemente cuestionado en su juego, Junior se mantiene en el segundo puesto de la Liga BetPlay con 12 puntos.

La virtud de este equipo radica en la paciencia que tiene para definir los partidos. No se desespera; sabe que en cualquier momento marcará el gol que lo coloque en ventaja. Que aunque haya fallado opciones claras, se mantiene frío. Que aunque el equipo rival lo esté presionando, se mantiene sereno. Sabe que el momento llegará. Y eso vale más que atacar desbocadamente, corriendo el riesgo que el rival aproveche los espacios y haga válido aquel adagio que dicta que “el que no los hace los ve hacer”.

Pero para muchos esto no basta: muchos piden a un Junior que tenga buen pie los 90 minutos, que salga jugando desde atrás, que piense cada opción de juego que se presente, que desarrolle juego en el mediocampo y arrolle a los rivales a base de nombre, de camiseta, de historia y jerarquía. Pero no se le puede pedir juego a un mediocampo que solo tiene a un volante en buen nivel (Fabián Ángel), que inclusive es de corte netamente defensivo; no se le puede pedir lírica a un equipo que ataca por las bandas, dándole el protagonismo ofensivo a jugadores cuya principal misión es pisar el área y rematar; no se le puede pedir a un equipo que piense, cuando solo tiene a un jugador que cumple esa función.

Ese jugador es Teófilo Gutiérrez, otrora delantero goleador que se ha convertido en un atacante que juega detrás del 9, que la experiencia de los años le han dado la pausa necesaria para guiar un ataque. Y lo ideal es que ese tipo de jugadores esté rodeado de otros jugadores que también piensen, pero el equipo no los tiene. Juan David Rodríguez aún no termina de acomplarse, y Larry Vásquez aún no termina de consolidarse a pesar que ya lleva un año con el equipo. En ese sentido, es muy difícil pedirle a un equipo que piense cuando los ‘pensadores’ están más concentrados en ganarse un puesto en la titular que en organizar el juego.

En las últimas temporadas, Junior ha dejado de lado el fútbol lírico para intentar un fútbol más directo. Este método no convence a los hinchas, pero da resultados.

A eso le sumamos las repercusiones que genera la hinchada y cierto sector de la prensa acerca de los resultados obtenidos: a pesar que Junior ha conseguido cuatro triunfos en cinco partidos, tres de ellos ante rivales tradicionales en el FPC, pesa mucho más la derrota contra La Equidad. Más allá de estar dentro de las posibilidades, ha tenido una repercusión más grande del que debería tener. Derrota es derrota, y eso no cambiará, pero es una derrota que está dentro de las posibilidades de cualquier equipo, por más “imbatible” que éste sea.

Solo el tiempo dirá como terminará esta historia que vive Junior bajo el mando de Amaranto Perea, quien ha tenido que luchar desde su tiempo como asistente técnico por ganarse el respeto de una hinchada que siempre exige, que siempre evalúa, que siempre cuestiona. Por ahora, Perea es la fiel representación de que los resultados se pueden obtener más allá de cómo juega el equipo, por más que a muchos no les guste.

Y es que la verdad del fútbol es una sola: los títulos se obtienen ganando los partidos, y los partidos se ganan haciendo un gol más que el rival, independiente de la forma como se dé. Y eso lo sabe Luis Amaranto Perea más que nadie, cuando al ser consultado en la rueda de prensa luego del partido contra Alianza Petrolera sobre cuántas opciones debía fabricar un equipo como Junior, contestó contundentemente: “las necesarias para ganar”.

Y siempre hay que hacer lo necesario para ganar. Porque al final los líricos se llevan los aplausos, pero son los ganadores los que se llevan la gloria.

Luis Amaranto Perea dirige a Junior desde septiembre de 2020. Ha dirigido 20 partidos por Liga, de los cuales ha ganado 11.
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Victor Amariz Castro

Comunicador social y periodista de la Universidad Autónoma del Caribe, con experiencia como redactor y reportero en prensa digital y televisión. Coordinador y editor de JUNIOR A UN CLICK. Junior, River y Milan, en ese orden.

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