2017: el ‘Cha-teo’ y el año de la siembra

La octava estrella se hacía esquiva año tras año: hubo muchos jugadores, llegaron varios técnicos, se corría, se sudaba, se jugaba… pero todo el esfuerzo no era recompensado. Cansados de quedarse con las manos vacías, las directivas del equipo tiburón contrataron a Alberto Gamero, que venía de desarrollar buenas actuaciones con Deportes Tolima, además de varios jugadores que habían tenido recorrido y experiencia en otros equipos de Colombia.

Sin embargo, la aventura solo duró tres meses: la temprana eliminación de la Copa Libertadores ante Atlético Tucumán y el mal arranque en la Liga terminaron por sacar al samario del banquillo rojiblanco. Volvería nuevamente Julio Comesaña, el salvador que siempre llega para apaciguar las aguas en Barranquilla, pero poco o nada pudo hacer para enderezar el rumbo en el Torneo Apertura.
Para el segundo semestre llegó un cambio radical: el máximo accionista del club, Fuad Char, se puso la mano al bolsillo y dio un golpe sobre la mesa: compró a Yimmi Chará, de gran performance en Tolima y Nacional, que en ese momento actuaba en el fútbol mexicano; Víctor Cantillo, una promesa que se había destacado en Deportivo Pasto; Rafael Pérez, un aguerrido defensa que porvenía del fútbol búlgaro; Marlon Piedrahita, lateral que fue pieza fundamental del Medellín que había salido campeón ante el conjunto ‘tiburón’; y el más estelar de todos, el hijo de La Chinita, Teófilo Gutiérrez, además del ascenso de un jugador con grandes proyecciones como lo era Luis Díaz.

Con estas nuevas incorporaciones, Junior conformó un equipo que era el deleite de los aficionados propios y rivales, quienes estaban convencidos que el tiburón era el rival a vencer en Colombia.
El debut fue auspicioso: goleada 3-0 sobre La Equidad en el que sus máximas figuras, Yimmi Chará y Teófilo Gutiérrez, se hicieron presentes en el marcador. El vallecaucano y el barranquillero se complementaban tan bien en el campo que la hinchada los apodaba ‘Cha-teo’, y juntos firmaron una dupla letal en las canchas colombianas. Y no sólo lo hicieron en la Liga: la Copa Sudamericana también se deleitó con las jugadas de este maravilloso dúo, que lograba superar cada eliminatoria con autoridad.
También estaba en competencia la Copa Colombia, donde el tiburón superó escollos difíciles para llegar a su tercera final consecutiva: en la mente de los hinchas aún viven la goleada sobre Once Caldas, en octavos de final; el cobro magistral de Jarlan Barrera ante Millonarios, en cuartos de final; el gol de Roberto Ovelar ante Patriotas en la semifinal para avanzar a la definición del título. Al frente estaba Independiente Medellín, rival al que se ha acostumbrado enfrentar en instancias finales en los últimos años. El 1-1 en Medellín y el 2-0 en Barranquilla otorgó al tiburón su segunda Copa Colombia, y el inicio de un cúmulo de éxitos que se prolongaría en los próximos torneos.

A pesar de ser superado por Flamengo en las semifinales de la Copa Sudamericana, y por América de Cali en los cuartos de final de la Liga Águila, lo que dejó un sinsabor en los Rojiblancos, tanto la hinchada como los jugadores se convencieron que éste era el camino a seguir. En 2017, Junior empezó a sembrar las semillas de su éxito reciente.



