Fútbol ColombianoNoticias

Una victoria que nunca debió darse 

Por: Carlos Martínez / Tw: @carlitosmart703

Aquel 18 de mayo en Maracaná, escuché muchos vítores en las calles barranquilleras. El chileno Rodrigo Tobar señalaba el centro del campo y marcaba que un Junior plagado de suplentes había vencido en el mítico estadio brasilero a Fluminense, lugar en el que, curiosamente, hace menos de una semana el inefable Lionel Messi junto a la Scaloneta escribía una página dorada en la historia del fútbol argentino.

Acá no hay comparaciones, porque siempre serán odiosas, pero el escenario de los hechos fue el mismo. Es más, Scaloni ostenta la misma licencia de Amaranto Perea: la UEFA Pro, escarapela que para ser recibida es necesario ocho años de estudio (3 como futbolista activo y cinco después del retiro). La diferencia: Scaloni venció a Brasil a punta de táctica y orden con Messi, Romero, De Paul, Martínez y Di María. Sin duda, jugadores de élite.

En cambio, Junior venció a Fluminense con Daniel Moreno, Carmelo Valencia, Germán Mera y Edwin Cetré. Aclaro que no estoy comparando, pero es que esa victoria de Junior creó un espejismo dirigencial. No hay duda que el tiquete de renovación de Amaranto Perea fue vencer en su feudo sin Teo Gutiérrez ni Miguel Borja, las mejores piezas de Junior, a uno de los candidatos de la Copa Libertadores.

Caso contrario con Argentina que, a pesar de ser un colectivo, Messi nunca salió del campo de juego ni para tomar un respiro. Por si fuera poco, Scaloni en su segundo torneo con la mayor ya salió campeón, mientras Amaranto, en año y medio, lleva seis intentos fallidos.

Aquella victoria que nunca debió darse, repercutió en que se subestimara a Santa fe en la fecha siguiente de Libertadores, en creer que Millonarios y los demás equipos de Colombia eran fáciles. Así mismo se evidenció en los dirigentes, quienes con los refuerzos de este semestre miran con desdén a sus rivales. Es mi percepción, aunque suene a hipérbole.

Y es que si de figuras literarias se trata, exceptuando a Walmer Pacheco y Cristian Martínez, Luis Perea y la dirigencia conformaron un equipo no para hablar de metáforas, sino para entrar a la Sudamericana 2022 por la Reclasificación. Y eso se palpaba anoche en la cancha. Mientras Libertad tenía en cancha a Marcelo Díaz (uno de los capitanes de la selección chilena) y a Mayada (multicampeón con River Plate), Junior exponía al insulto a los de las inferiores que culpa no tienen: la dirigencia lo decidió y es la decisión que tomaron.

Esa victoria fue más que la punta del iceberg de esta debacle, fue una bomba molotov que está quemando las esperanzas de los hinchas. Tal vez, Junior clasifique en Paraguay, pero eso no tapará los errores dirigenciales y la conformación del plantel. A veces viajo en el tiempo y agradezco a Dios que en 2014, con jugadores como Toloza y Domínguez, el rojiblanco no consiguió la octava estrella. ¿Saben por qué? Porque la dirigencia hubiese pensado que con poco o nada se logra demasiado en el fútbol.

Etiquetas

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba
Cerrar

Bloqueador de anuncios detectado

Por favor, considere ayudarnos desactivando su bloqueador de anuncios