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La navidad adelantada

Junior está pasando por un duro momento en el aspecto futbolístico. La derrota 2-0 ante Pereira, que certificó su eliminación de la Copa Colombia en los octavos de final, algo que no sucedía desde la edición 2013 ante Millonarios, ha indignado a un grueso sector de la hinchada juniorista, que en el último año ha soportado eliminación tras eliminación, como si de un equipo pequeño se tratara.

Esto genera mucha preocupación en todos los seguidores del ‘tiburón’, que solo hasta hace 3 años sacaban pecho porque tenía un equipo que salía a jugar al fútbol en cualquier cancha del país y de Sudamérica, teniendo en cuenta que este grupo comandado otrora por Teófilo Gutiérrez, Víctor Cantillo y Luis Díaz disputó una final internacional por primera vez en su historia.

Este Junior actual dista mucho de aquel que nos dió muchas alegrías futbolísticas, y prácticamente genera bostezos hasta al más entusiasta de los hinchas. Pero más allá del letargo en el que se encuentra, lo que verdaderamente preocupa es que este equipo entrega muchas facilidades ofensivas, algo que ni siquiera los Junior más irregulares que se recuerden habían realizado.

A veces da la sensación que Junior se encuentra en un estado de navidad constante, en el que los regalos están a la orden de los partidos. Libertad, América, Caldas, Pereira, Cali… como si de niños en un 25 de diciembre se tratara, cada uno de ellos recibió cuantiosos regalos del conjunto ‘tiburón’ que se tradujeron en goles y eliminaciones para los otrora dirigidos por Amaranto Perea, y actualmente comandados por Arturo Reyes.

Para agregarle más sal a la herida, resulta curioso que este equipo ha sido dirigido, desde 2020, por Perea y Reyes, dos técnicos que en su época de futbolistas fueron férreos defensores centrales, e inclusive su asistente técnico, Luis Grau, es recordado por imponer orden en el mediocampo ‘tiburón’ de los años 90. Con estas credenciales para los hombres que rigen los destinos del elenco barranquillero en el campo de juego, los continuos errores defensivos resultan, cuanto menos, inauditos.

Y analizando un poco más la situación, nos damos cuenta que cada error tiene nombre propio. En algo nunca antes visto, los jugadores se turnan para cometer equivocaciones que dejan en evidencia el mal nivel en el que se encuentran. Una mala salida de Sebastián Viera, un autogol de Gabriel Fuentes, una habilitación de Didier Moreno, un penal errado de Cristian Martínez Borja. Y cuando parece hallarse una solución, ya sea con Éder Chaux, Willer Ditta, Carmelo Valencia o Freddy Hinestroza, los errores se apoderan de los reemplazantes como una enfermedad o un virus que con un simple diagnóstico no se puede curar.

Sin embargo, las bondades que ofrece el torneo permite que Junior siga peleando, puesto que con todo y errores está a un solo punto de los puestos de clasificación. El camino es largo, pero la navidad parece estar instalada. Esperamos que los jugadores se saquen los gorros navideños, guarden los papeles de regalo y esperen hasta diciembre para darle un obsequio a quien verdaderamente se lo merece: la hinchada, esa sufrida hinchada que se acostumbró a ver a su equipo en lo más alto del fútbol colombiano.

Victor Amariz Castro

Comunicador social y periodista de la Universidad Autónoma del Caribe, con experiencia como redactor y reportero en prensa digital y televisión. Coordinador y editor de JUNIOR A UN CLICK. Junior, River y Milan, en ese orden.

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