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La destacada periodista Tatiana Escárraga cuenta su historia: «Los chicos jóvenes se van quedando en la estructura de las redes sociales»

Tatiana Paola Escárraga posee una amplia trayectoria en el periodismo. La barranquillera ha dejado su huella en Colombia y en España, donde vivió 14 años y se llenó de muchas experiencias que plasma en su vida profesional y personal. En el programa Cuénteme su Historia dirigido por Santander Jiménez Blanco, Tatiana contó sus inicios, cuando era una excelente bachiller y tuvo su primer acercamiento con el periodismo: «Yo estudié mi bachillerato en la Humboldt, una institución de mucha trayectoria donde nos exigían tener un promedio de notas alto. Yo tuve una educación de primer nivel, y eso fue determinante en mi trabajo. Hice parte de un grupo de lectura que se llamaba Juventud Literaria, y cuando fui presidenta creamos la revista Informativo Fundación Humboldt, con la que empezamos a hacer reportajes. Una de las secciones era Un personaje, y en mi imaginario tenía a Fabio Poveda, que me parecía una persona alucinante. No tenía ningún contacto, pero se me ocurrió que podíamos entrevistarlo. LLegué a su oficina en Mar Caribe para entrevistarlo con 13, 14 años y ahí empezó mi historia».

La barranquillera confiesa que entre sus opciones no estaba dedicarse al periodismo, pero que ese encuentro con Fabio Poveda marcó el rumbo de su vida. A pesar que estaba en un campo totalmente dominado por hombres, sintió apoyo y respaldo desde el primer momento: «No pensaba que iba a estudiar periodismo: quería estudiar medicina, pensaba en estudiar derecho, pero no pensaba en periodismo, a pesar que me gustaba leer. Y ese primer contacto con Fabio es lo que me abrió el camino para ser periodista. Fabio leyó la entrevista que le hice y dijo: «yo veo algo aquí. ¿Tú que quieres hacer?» Yo tenía ese dilema de no saber qué estudiar, y él me dio ese empujón. Fabio fue determinante en ese proceso y esa decisión. Estuve en Mar Caribe y Emisora Atlántico: era una niña en un ambiente totalmente masculino, y todos los colegas me recibieron como una hija, como una hermana. Siempre me sentí respaldada, acogida y respetada. Fabio me puso a escribir en El Heraldo Deportivo y ahí empecé. Fue una oportunidad de oro para mí: empecé a aprender de fútbol, a ir al estadio, a conocer a los jugadores. Me enfoqué en la parte humana, y eso me sirvió mucho para mi carrera. Estoy muy agradecida con esa etapa de mi vida».

Tatiana recuerda con emoción su primer trabajo para El Heraldo, en el que entrevistó a un gran jugador que empezaba a destacarse en Junior: «Mi primera entrevista en El Heraldo Deportivo fue en septiembre de 1990, cuando tenía 16 años. Y se la hice a Víctor Danilo Pacheco, que tenía mi edad y estaba empezando a brillar en Junior. Fue la primera entrevista que hice, fue muy bonita. Es un recuerdo bonito que yo tengo. En la radio cubría actividades que no estaban relacionados directamente con el fútbol. Iba a la piscina olímpica, a ver a los atletas».

Por otro lado, Escárraga también recordó una anécdota que marcó su vida: un encuentro muy especial con Gabriel García Márquez: «Hubo un concierto de la Orquesta de La Luz en Barranquilla con Joe Arroyo y Diomedes Díaz. En ese momento hacía prácticas en la universidad y estaba en Emisora Atlántico, y me dieron una boleta para ir a ese concierto. Llegué a la Zona VIP, y vi que estaba Gabriel García Márquez, Mercedes Barcha y don Fuad Char. Yo, muy atrevida y lanzada, me senté a su lado y hablé con él. Meses después publicamos la entrevista en El Heraldo, que fue una charla informal entre una chica de 18 años con alguien que era su ídolo. Recuerdo que se hizo una fila inmensa alrededor de Gabo, y él con toda la paciencia del mundo pintaba una flor y escribía el nombre de la persona. Fue muy receptivo conmigo: me acogió muy bien, me habló y se puso en plan de mamador de gallo profesional».

Entre las tantas anécdotas que tuvo con el Nobel colombiano, Tatiana recuerda una en particular con una de las figuras más grandes de la literatura latinoamericana: «Recuerdo que Gabo llevaba unos zapatos sin medias. Yo le dije mamandole gallo, que los zapatos sin medias daban pecueca. En ese momento él se quitó el zapato y me lo puso en la cara, diciéndome: «bueno, entonces qué, ¿Tengo pecueca o qué?» Yo me reí y le dije que no olía a nada. Me dijo: «yo soy un cuerpo glorioso, y los cuerpos gloriosos no huelen». Fue todo absolutamente improvisado. Esa noche me quedé en casa de una amiga, pero no dormí: tenía la cabeza a mil porque me había encontrado con Gabriel García Márquez. Era como estar levitando, porque era una chica tan joven, y de repente me encontré con García Márquez. Estuvimos juntos hasta el final del concierto. No lo conocía, y le caí en gracia porque le hice preguntas atrevidas. Todo eso se me quedó en la cabeza y lo escribí de corrido. Me había marcado tanto, y se me quedó grabado».

Esa grata experiencia fue plasmada por Escárraga en El Heraldo; sin embargo, tuvieron que esperar meses para publicarlo, por miedo a que el nobel se disgustara: «El Heraldo lo sacó unos meses después porque había sido un encuentro cinrcunstancial, no había petición de entrevista ni nada oficial. El director de ese entonces, Juan B. Fernández Renowitzky, temía que Gabo se enojara porque no era una entrevista, era mi experiencia encontrandome con el Nobel. Eso estuvo ahí, engavetado, y nunca se recibió una respuesta de Gabo. Ante el silencio, el director decidió publicarlo en una página entera, el cual se quedó en el camino: ni siquiera quedó en internet. Me gustaría volver a leerlo para ver como quedó. Eso marcó un antes y un después. Luego hice unos talleres de periodismo. El primero se hizo en Barranquilla: era de reportaje con Gabo, y el segundo era un taller de crónica en Cartagena, en la que Gabo era invitado. Recuerdo que en uno de esos talleres, después que salió esa publicación, él empezó a leer a los participantes y no me mencionó. Sentí en ese momento que era porque estaba enfadado por la entrevista. Luego supe que nó, y me recibió muy bien».

La historia de Tatiana Paola Escárraga tomaría un nuevo rumbo cuando, luego de ganar un premio de periodismo y por recomendación de los talleristas, tomó el examen para ingresar a la escuela de El País, uno de los más importantes de habla hispana: «Me gané un premio de periodismo de Simón Bolívar, que daba la oportunidad de hacer cinco talleres de periodismo. A partir de la relación que tenía con él supe de la existencia de la escuela de periodismo de El País, en España, y me sugirieron que hiciera los exámenes para ingresar en esa escuela. Lo hice, ingresé y me gané una beca. Iba a ir inicialmente por un año, y me quedé 14 años. Estuve cinco años en El País, luego pasé a la edición española de la revista Vanity Fair, y de ahí pasé a un diario digital de los primeros que iniciaron con el formato gratuito, pero que tenía mucho peso en lo digital: el diario más leído de toda España. Se llamaba 20 minutos. Fui editora de una revista en temas de migración, especialmente para la población latina. Trabajé siempre con medios españoles, y lo que iba a hacer en un año, se convirtieron en 14 años».

La barranquillera comenta que su experiencia en España le sirvió para erradicar algunos mitos que tenía en su formación como periodista, y que le sirvieron mucho para su desarrollo profesional: «Uno aprende mucho a deshacerse de un montón de creencias que en su momento eran equivocadas: por ejemplo, el rigor periodístico. Cuando hacía reportaje o crónicas, creía que se podía apelar al uso del lenguaje a través de muchas metáforas, de elementos rimbombantes. Eso lo veía mucho en los talleres de periodismo, pero cuando llego a El País y veo como se hace el periodismo allí, me doy cuenta que es un periodismo más limpio en ese sentido. El cronista no es alguien que coloca palabras porque sí, palabras bonitas para adornar. Otra cosa muy importante que aprendí es a contrastar la versión oficial: en El País siempre se contrastaba la versión oficial. Uno iba a otras fuentes o a las fuentes originales, y así se descubría un montón de cosas. En Diario 20 minutos recuerdo que investigamos un concurso oficial de vivienda, y descubrimos que tenía muchas falencias: se canceló y se tuvo que hacer de nuevo. Fue impactante, pero era porque apelábamos a otro tipo de fuentes y no quedábamos con la versión oficial. Tampoco íbamos a ruedas de prensa: sabíamos que lo que nos iban a decir ahí era oficial, así que bastaba con el comunicado y luego tenías que indagar más, así que no hacía falta hacer ese desplazamiento. Otra cosa es que si ibas a ir a una rueda de prensa, tenías que preguntar y re-preguntar, además que tenías que preguntar sobre temas complicados, que pusieran en aprietos a los mandatarios, y que no fuera una extensión de lo que ya nos habían preguntado. Todo eso que aprendí me sirvió mucho para el trabajo que he hecho acá».

Por otro lado, Tatiana analiza la situación actual del periodismo, el cual está casi en su totalidad dominado por las redes sociales. La barranquillera considera que las herramientas tecnológicas deben ser solo un complemento, puesto que el periodismo trata sobre todo de la parte humana: «Esa es una gran preocupación que tenemos los periodistas que ya llevamos muchos años en este oficio. La tecnología, las redes sociales y la web debería ser un complemento. Son plataformas nuevas, pero la esencia del periodismo debe permanecer intacta. No debemos confundir el mensaje y el medio: nosotros tenemos que seguir haciendo periodismo. Lo que pasa es que ahora hay maneras distintas de presentar ese periodismo: hay especiales multimedia que son espectaculares, pero si los pasamos a lo análogo, los textos serían practicamente iguales. El mensaje es igual. Los chicos jóvenes no están acudiendo al terreno, les falta calle porque se van quedando en la estructura de las redes sociales, que lo pueden hacer desde la casa, desde la oficina. Nos falta ese contacto humano, porque al final el periodismo es humanismo, es una disciplina en donde estamos en permanente contacto con el otro. Pero si se convierte en un intercambio por redes sociales, le quita frescura, naturalidad, profundidad. Yo no me imagino haciendo un perfil sobre una persona sin haber hablado, sin haber visto sus gestos, su forma de expresarse, las muletillas que utiliza, como reacciona a lo que hay en su alrededor. Eso te lo quita la pantalla, no te lo permite ver. Es importante que los jóvenes entiendan eso: periodismo sin calle, no es periodismo».

Finalmente, Tatiana Paola Escárraga reveló sus futuros proyectos, en los que espera plasmar su pasión por la cultura y la escritura: «Estoy en stand by. Esta coyuntura nos ha obligado a pensar un montón de situaciones del trabajo y de la vida. Antes de la pandemia estaba trabajando en proyectos independientes: quiero incursionar en la gestión cultural, un tema que me apasiona. Me parece que en una ciudad como Barranquilla es necesario. Mi enfoque va hacia la educación y cultura en el sur, con la necesidad de empoderar a la gente del sur no solo en su espacio territorial. Si hay un concepto de caribe, y lo traducimos en espontaneidad, solidaridad, resiliencia, eso se encuentra más en el sur. Me parece que hay un potencial tremendo en lo social, cultural, que se ha quedado relegado y hace falta que salgan y se muestren. Hay mucho futuro en el sur. Estoy trabajando en una fundación que tiende a capitalizar ese talento que hay en el sur y mostrarlo en la ciudad a través de la cultura, de la educación. Vamos a ver de que manera podemos repensarlo después de la pandemia. También sigo haciendo periodismo independiente, yo quiero seguir escribiendo reportajes, crónicas, perfiles, pensando en libros para publicar. Estoy en ese proceso también, esperando como se redefine ese nuevo mundo que nos espera. Dispuesta a fluir con lo que venga, pensando en las ideas que tengo en la cabeza, viendo de qué manera toman otro rumbo. Es emocionante ver en lo que vamos a convertir».

Victor Amariz Castro

Comunicador social y periodista de la Universidad Autónoma del Caribe, con experiencia como redactor y reportero en prensa digital y televisión. Coordinador y editor de JUNIOR A UN CLICK. Junior, River y Milan, en ese orden.

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