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Teo y Junior: Triste final

Prometer cosas no es para cualquiera. Más aún en el mundo del fútbol, cuando las dinámicas son tan cambiantes y hay factores que se escapan del control de una sola persona. Teófilo Gutiérrez llegó en 2017 de manera elegante, con camisa blanca, saco azul y una sonrisa que iluminaba a una Barranquilla que lo recibió con júbilo. El Metropolitano se colmó de gente y se le hizo un recibimiento sin parangón en Latinoamérica. Él tomó los micrófonos y dijo con una seguridad abrumadora: “Vengo a ser campeón con Junior, no hay más nada que hablar”.

Y así lo cumplió. Con goles, asistencias, jugadas fenomenales y consiguiendo la mayor parte de los objetivos que se trazó cuando aterrizó en su casa. Si había alguna deuda, Teo la pagó. Y con creces. Probablemente, pues era lo que había manifestado todo este tiempo, el mago tenía el deseo de seguir jugando y ganando acá. Y cuando hubo una última posibilidad de dialogar y establecer un acuerdo para continuar y retirarse con los colores que lo vieron nacer, el futbolista y la directiva no terminaron de entenderse.

Por eso su salida, la cual ya fue anunciada con un pálido vídeo de agradecimiento en las redes sociales de Junior, duele como si a la hinchada le estuvieran arrebatando algo. Quizá el escenario ideal era despedirlo dentro de la cancha, con una multitud parecida a la de aquella tarde de hace cuatro años. Besando el escudo por última vez, corriendo a festejar un gol con la popular y con todo el coloso de La Ciudadela coreando su nombre hasta el hartazgo.

En cambio, la abdicación del rey se desarrolló en oficinas, revisando cláusulas y dando un portazo que no es coherente con el heroísmo, la categoría y la gloria que Teo deja en las arcas rojiblancas. Cuesta aceptar que esta historia concluya con tan poquito tacto, excesivo hermetismo y una nula capacidad de coronar coherentemente un periplo exitoso e inolvidable.

A veces es difícil saber cuándo uno está siendo testigo de un hecho histórico, pero que no quede ninguna duda: la ruptura de este vínculo es de un impacto enorme para la institución. Teófilo marcó un antes y un después. Llegó a un Junior necesitado de alegrías y lideró el ciclo que cambió para siempre el estatus del club a nivel nacional e internacional. Es, quizá, el mayor jerarca futbolístico y emocional que se enfundó la camiseta rojiblanca.

No se puede hacer algo distinto que agradecer todo lo brindado y lamentar que este sea el punto final de una era que se entiende desde la magnitud de la figura que hoy despedimos. Muchas gracias por todo, Teo. Lo que hiciste con Junior no se olvida en la vida.

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