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OPINIÓN: TRIUNFO AGRIDULCE, PERO VALIOSO

Por Armando Diazgranados @diazgranadosco

 

Junior se trajo anoche un botín muy valioso de tierras antioqueñas, ratificando todas esas estadísticas que le favorecían y sacando además a relucir todas las charreteras adquiridas en el último tiempo para jugar y vencer en estas series a dos partidos; lástima que al final haya quedado ese sabor agridulce porque los jugadores se confiaron y, en consecuencia, lo que era una goleada y una serie prácticamente definida, casi se va como agua entre las manos.

El primer tiempo fue soso y aburrido; perfectamente se podía jugar sin los arcos y no pasaba nada. Aún así, hay que reconocer que el cuadro rojiblanco hizo un poco más por el partido que su rival, se defendió con el esférico, manejó los tiempos del partido y trató de generar espacios en medio del bosque de piernas que había al frente; pero los movimientos erráticos en el último cuarto de cancha hacían que los jugadores de arriba quedaran excesivamente en fuera de lugar.

Todo iba a cambiar, apenas comenzando la segunda parte, cuando llegaron los goles, las emociones y también el sufrimiento; todo por ese bendito problema de no saber administrar una ventaja amplia.

De la mano de Díaz y Jarlan, los más iluminados en este segundo semestre, Junior anotó tres goles de gran factura en cuestión de veinte minutos. El primero llegó tras un rebote que nació del juego aéreo; el segundo fue una obra de arte para enmarcar, una vaselina que contó con un túnel previo; mientras que el tercero se dio por arriba, luego de una buena apertura de cancha por el sector derecho.

Ese breve espacio de tiempo fue suficiente para que aparecieron las estrellas del equipo en todo su esplendor; los que siempre han estado cuando más se les necesita y que siempre han abierto el camino del triunfo. Jugadores con la capacidad y la jerarquía para anotar el primer gol de un partido son los más apetecidos por los grandes clubes del mundo; y, tanto Jarlan, pero sobre todo el ‘Guájaro’ tienen ese don tan preciado, a pesar de la corta edad de ambos -22 y 21 años respectivamente-.

Pero todo eso tan bonito, el 3-0, el paseo de salud que daba Junior en el terreno de juego y demás, casi se arruina por cuenta de un mal endémico del ‘Tiburón’: el relajamiento en exceso cuando se tiene una diferencia de dos o más goles en un partido o una serie.

Rionegro, que hasta el minuto 80 se veía reducido a su mínima expresión y que no había mostrado nada de lo que lo trajo hasta esta fase semifinal, alcanzó a tener una tibia reacción que le dio como premio exagerado un par de goles que le devolvieron la esperanza a sus jugadores de pensar que todavía hay opciones de llegar a la final.

Pequeño apartado para Narváez, jugador que se ganó el puesto en los últimos partidos y que ha sido elogiado muchas veces por parte del suscrito, pero que ayer cometió un penal infantil al tumbar en el área a un jugador como Osorio Botello, el cual estaba de espaldas al arco. Una chambonada para alguien de su experiencia.

Aunque no es el gran culpable del descuento del cuadro antioqueño, Comesaña tiene una cuota de responsabilidad al desbarajustar un sistema que hacía funcionar a Junior como un relojito.

Conocido por ser un técnico cauteloso y especulativo, esta vez el colombo-uruguayo se dejó llevar por la emoción y por eso los cambios que hizo fueron más pensados en buscar un cuarto gol, que en cuidar una ventaja valiosísima en ese momento.

Fue correcto excluir a dos de los de arriba para refrescar el ataque, pero se equivoca en el primer cambio, ya que Moreno no marca ni una hoja y eso permitió que Hinestroza hiciera la fiesta en la recta final del compromiso; el de Carepa debió ingresar por uno de corte más ofensivo, no por Sánchez, quien tiene más oficio para taponar la banda. El otro error fue darle ingreso al inoperante Hernández, de quien es sabido, no está aportando nada; el llamado a entrar era Pico, pero todo indica que está tan mal, que ni siquiera puede jugar como alternativa.

En resumidas cuentas, los cambios no funcionaron porque los que entraron asumieron la misma conducta sobradora de los que ya estaban en la cancha. Eso de la sobradez queda para los hinchas y para todos los que están fuera del rectángulo de juego, no para los jugadores.

Qué bueno que esto haya pasado en el partido de ida y con el marcador de 3-0, porque queda terminantemente prohibido repetir esto el domingo y el jueves en los partidos de vuelta de las semifinales de la Liga y la Suramericana.

Los males endémicos, por lo general no tienen cura; pero en el caso de Junior, nunca es tarde para corregir ese exceso de confianza cuando es demasiado superior a sus rivales.

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