Un clásico vergonzoso y humillante

Para los hinchas de antaño, el duelo entre Junior y Unión Magdalena es un duelo esperado: la rivalidad entre dos de los clubes más representativos de la región Caribe siempre ha genera una emoción extra, sabiendo que este partido va más allá de ganar tres puntos o de luchar por un título: se trata del orgullo y el honor, de poder ‘mamarle gallo’ al vecino y de amargarle la existencia, de poder decir a los cuatro vientos que fuiste, eres y serás siempre el mejor, sin importar lo que pase.

Sin embargo, con lo sucedido en el Estadio Sierra Nevada de Santa Marta nos invita a hacer la siguiente reflexión: ¿en qué momento cambió el clásico costeño? ¿en qué momento pasamos de amargarnos la existencia a atentar contra ella? ¿por qué no podemos hacer los cánticos y ‘mamarnos gallo’ sanamente sin necesidad de provocar, insultar o de agredir al otro?

Futbolísticamente, el partido pasó a un segundo plano: atrás quedó el insípido primer tiempo, en el que tanto ‘bananeros’ como ‘tiburones’ ni siquiera patearon al arco; atrás quedó el ‘mocho’ segundo tiempo, en el que los equipos se despertaron y salieron con todo a buscar la victoria. Como una mera anécdota quedó el golazo de Enrique Serje, quien ha sorprendido gratamente a todos con un buen nivel cuando parecía quedar condenado al ostracismo; como una mera anécdota quedó el gol de Stiwar Mena, quien saltó más que todos y clavó el balón lejos de Sebastian Viera, quien creyó que con la mirada podía sacar el esférico.

Todo lo mencionado anteriormente ya no importa, porque a partir del minuto 73, ese fatídico minuto 73, todo se echó a perder por la intolerancia de unos y de otros: la barra de Junior acusa a un integrante de la Garra Samaria por infiltrarse en la tribuna oriental, mientras que el máximo accionista de Unión, Eduardo Dávila, aseguró a El Heraldo que la trifulca fue iniciada por los hinchas ‘rojiblancos’. Las imágenes que se dieron a conocer en todo el país no pudieron ocultar la realidad: ambas hinchadas se agarraron y convirtieron el Sierra Nevada en un campo de guerra.

Y todo terminó de forma grave: un seguidor de Unión Magdalena murió apuñalado, mientras que extraoficialmente se conoció que tres fanáticos de Junior resultaron con graves heridas. Cuatro familias cuyas vidas han cambiado para siempre, sin importar lo que hagan de ahora en adelante.

Ahora, con la cabeza fría y los equipos siguiendo sus caminos (el ‘tiburón’ viajará a Bolivia para enfrentar a Oriente Petrolero, mientras que el ‘bananero’ debe viajar al Eje Cafetero para jugar contra Deportivo Pereira), toca esperar que las autoridades de apersonen el caso y otorguen las sanciones correspondientes. Pero el problema sigue: es inaudito y vergonzoso que este partido, la máxima muestra del fútbol de la región Caribe, termine así ante la mirada de todo el país, que no pierde el tiempo para acusar a la región de todos los males sobre la tierra.

Esto no debe volverse a repetir, nunca más.

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