Última estación: 2019. El último año cierra con broche de oro la década gloriosa que vivió el tiburón, siendo de todos los años el más fructífero en cuanto a finales y títulos. Junior rompió su récord y disputó nada más y nada menos que tres finales, algo que nunca había logrado en toda su historia, consiguiendo dos títulos, algo que también era inédito y que tantas veces estuvo cerca de lograrlo.
El año empezó con la disputa de la Superliga, ese torneo que se le había negado en la primera oportunidad. Junior comenzaba un nuevo proceso de la mano de Luis Fernando Suárez, que venía de realizar una buena campaña con La Equidad, mientras que Tolima mantenía su proceso con Alberto Gamero. A pesar que el vinotinto y oro propinó el primer golpe en Barranquilla, Junior tendría la última palabra en Ibagué: en el minuto 90, cuando el conjunto ‘pijao’ ya se preparaba para celebrar, el tiburón apareció con un espectacular gol de Luis Carlos Ruiz para empatar la serie. Con el 2-2, los equipos se fueron a los penales, ese martirio que tantos títulos había negado en el pasado. Pero esta vez, la historia fue distinta: Sebastián Hernández, Víctor Cantillo y Rafael Pérez acertaron sus cobros, mientras que Sebastián Viera estuvo imbatible al atajar los tres cobros de Tolima para que Junior gritara campeón por primera vez en este torneo, agregando un título inédito a su palmarés.
Con este nuevo título en el bolsillo, Junior afrontó la Liga Águila 2019-I: su inicio fue muy bueno, consiguiendo triunfos importantes en casa ante Patriotas y Medellín, además de excelentes resultados en Cali (victoria 1-0 sobre América), Bogotá (empate 3-3 ante Santa fe) y Manizales (triundo 1-0 sobre Once Caldas). Sin embargo, el equipo atravesó un bache del que fue difícil salir: aunque mantuvo su invicto en gran parte del campeonato, la racha de empates y la anemia anotadora colmó la paciencia de la hinchada y los directivos, que decidieron prescindir de sus servicios. Al rescate (otra vez) llegó Julio Comesaña, que enderezó el rumbo justo a tiempo: enfrentaron en cuadrangulares semifinales a Nacional, Deportivo Cali y Tolima, un grupo fuerte que sin duda mediría la fortaleza mental del tiburón.
Y la prueba fue superada con creces: 12 puntos, producto de tres triunfos y tres empates. El resultado más importante lo consiguió en Medellín: triunfo 3-2 sobre Nacional que lo catapultó a la final contra un sorprendente rival, Deportivo Pasto. El primer duelo en Barranquilla finalizó 1-0, y luego de muchas idas y venidas, la final se disputó en Bogotá. Junior tuvo que sufrir, puesto que un grueso error permitió que Pasto anotara y emparejara la serie. Nuevamente la historia de los penales, el cual estuvo muy reñido; tanto Junior como Pasto eran efectivos en cada cobro. Pero la efectividad tuvo un límite: en el último cobro, Ray Vanegas mandó el balón afuera, y toda una región estalló en alegría. Junior logró la novena estrella, la segunda consecutiva. El segundo título en un semestre, algo inédito.
En el segundo semestre, Junior quería ir por más: quería el tricampeonato. Sin embargo, el camino fue muy tumultuoso: el equipo adoleció ofensiva, careció de juego, y los resultados positivos no llegaban. Los ceros eran comunes, tanto a favor como en contra. A pesar de la anemia ofensiva, el cuarteto defensivo era impecable. Al llegar la segunda mitad del campeonato, encontraron la luz al final del túnel: la ofensiva se destapó y los resultados llegaron: triunfos importantes sobre encopetados rivales como Nacional, Cali y Millonarios posicionaron al tiburón como fuerte candidato a campeonar nuevamente.
En los cuadrangulares volvió a encontrarse con Nacional y Tolima, además de Cúcuta. El traspié inicial ante Tolima en casa llenó de críticas al equipo, que se sintió herido en su orgullo y nuevamente sacó la casta: triunfo en Cúcuta y empate en Medellín, para luego atrapar el liderato con el doble triunfo en casa. El último escollo: Ibagué, nuevamente Ibagué. Y como en aquella ocasión, Junior volvió a salir airoso: el 2-2 a Tolima lo colocó en su tercera final consecutiva de Liga, algo histórico para Junior.
Al frente, un rival importante como América de Cali, que buscaba volver a ser. En los duelos en Barranquilla y Cali, la suerte no le sonrió a Junior, que volvió a evidenciar los errores del pasado y no pudo bordar la décima estrella en su escudo. No obstante, la lucha, el esfuerzo y las ganas estuvieron presentes, y permitieron a su hinchada soñar con un tricampeonato.
Con esta última final se cierra la década gloriosa de Junior, que quedará en la historia por la cantidad de finales y títulos que pudo conseguir el rojiblanco: antes de 2010, solo tenía 5 títulos locales; ahora tiene 12, entre los que se destacan tres trofeos que nunca antes había adquirido. Esta década confirmó a Junior como el tercer equipo de Colombia, luego de Nacional (campeón de Libertadores 2016) y Santa fe (campeón de Sudamericana 2015). Así mismo, el tiburón logró empatar al verdiblanco y al rojo en el cuarto lugar de los más ganadores de la Liga.
Lo más importante que deja esta década es la confirmación de una base para seguir sumando títulos: el equipo que ha logrado conformar Junior en los últimos años potencializa el fútbol colombiano. El regreso de Teófilo Gutiérrez, la valorización de Víctor Cantillo y Luis Díaz, la consolidación de Sebastián Viera, Marlon Piedrahita y Rafael Pérez, más el surgimiento de jóvenes valores posicionan al tiburón como un equipo de respeto en el fútbol colombiano. Se espera que tarde o temprano esta camada de jugadores forjen el primer torneo internacional y sigan cosechando títulos locales para ser el más ganador de Colombia.
